El pasado 14 de febrero iniciamos el módulo III de nuestro curso titulado “El cuerpo de las mujeres como territorio político”.  En concreto esta primera sesión abordó el tema de las violencias sobre los cuerpos de las mujeres en los conflictos armados o abiertos.

Estaba prevista la visita de la activista saharaui perteneciente a la Asociación Saharaui de Víctimas de Graves Violaciones de los Derechos Humanos, Mina Baali. El gobierno español, cómplice del gobierno marroquí, no le concedió el visado para viajar a España desde los territorios ocupados por Marruecos. Aunque no pudo acompañarnos en persona nos mandó un video donde explicaba las violencias y abusos a los que era sometida como mujer saharaui y activista en los territorios ocupados.

Después de escuchar a Mina, gracias a la traducción simultánea de nuestra alumna Salca, comenzó su intervención Carolina Jiménez, Doctora en Derecho y profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad de Málaga. Carolina nos hizo un recorrido resumido y muy esclarecedor por los mecanismos jurídicos y el marco de justicia internacional respecto a las violencias sobre las mujeres en los conflictos armados o abiertos, poniendo especial foco en los delitos de violencia sexual sobre mujeres y niñas.

Finalmente pudimos escuchar el testimonio desgarrador de la activista mexicana Karen Izolda Taxilaga, defensora de derechos humanos y pueblos indígenas y dirigente campesina en México. Karen, que actualmente está amenazada de muerte, forma parte de la comunidad indígena de Tezontepec de Aldama, situada en Hidalgo, en la zona norte de la capital del país. Una comunidad que ha sido despojada de su territorio comunal, que ocupa 1899 hectáreas, y donde se encuentra el manto freático más grande de la zona centro de México, en el Valle del Mezquital. Actualmente está en España en un Programa de Protección de Defensoras de Derechos Humanos y nos contó las graves violencias que ha sufrido por defender la tierra y la salud de su pueblo frente a las grandes empresas que quieren hacer del Valle del Mezquital un negocio, sin importar la destrucción de vidas y de espacio natural que suponga.

Mina Baali: Asociación Saharaui de Víctimas de Graves Violaciones de los Derechos Humanos (ASVDH)

Hoy, hablo desde el corazón de la ciudad del Aaiún ocupado con el fin de enviar y hacer llegar un mensaje de todas las mujeres resistentes al resto del mundo, que esta vejación, este abuso que viven las zonas ocupadas en el pleno s. XXI es señal de la manipulación que reciben los saharauis en las zonas ocupadas.

Las autoridades de la fuerza ocupante no les es suficiente con torturarnos en las calle, desnudarnos y prohibirnos acceder a manifestarnos en las calles por nuestros derechos de reclamar nuestra independencia reteniéndonos en nuestros hogares y prohibiéndonos manifestarnos en las calles, incluso encerrándonos en nuestras casas con tal de callar nuestras voces y evita que este mensaje llegue al resto del mundo. Como he dicho antes, en mi caso, el consulado español también contribuye a esta labor de ocultar esta realidad y seguir callando a las luchadoras y, a colaborar en estos crímenes que vulneran nuestros derechos de pedir la independencia.

Las violaciones de los derechos de las mujeres luchadoras en el Sahara Occidental son de muchos tipos: amenazas, opresión, detenciones, secuestros, torturas, violaciones incluso prohibición de salir o viajar fuera de las zonas ocupadas como nos ha pasado a un grupo de mis compañeros cuando nos dirigimos a otros lugares como la ciudad de Smara, Bojador o al sur de Marruecos. Todas estas prácticas ocurren en silencio y con el beneplácito de la comunidad internacional incluso con la presencia Naciones Unidas ya que está presente aquí La MINURSO que presencia todo esto en las zonas ocupada.

Voy hacer hincapié sobre un tema del que somos víctimas todaslas luchadoras resistentes que hemos decidido luchar con nuestro cuerpo para luchar por la independencia y a la libre determinación que garantizan los regímenes internacionales.

Fui secuestrada a los 16 años y detenida expuesta a juicios, luego fui trasladada directamente a la ciudad de Tantán (sur de Marruecos) durante año y medio. Volví al Aaiún durante 4 meses y, de nuevo, fui secuestrada desconociendo mi familia mi paradero durante 2 años aproximadamente. Durante estos dos años estuve bajo arresto domiciliario en casa de unos familiares en Tantán.

Desde 1990 vivimos en esta situación hasta hoy día. Actualmente, mi esposo se encuentra desplazado en la ciudad de Bojador, mi hijo mayor en España por amenazas directas por parte de las autoridades de la ocupación y, mi hijo pequeño en Marrackech el cual se le ha denegado su derecho a beca como estudiante por ser hijo de padres defensores del derecho a la independencia del pueblo saharaui. Mi casa es testigo a diario de presencia policial que prohíbe todo aquel que acuda o que salga de ella.

Deseo que mi voz, a través de vosotras, llegue al resto del mundo y deseo que todos los pueblos conozcan la situación de que hay un pueblo que resistirá hasta conseguir su independencia y la independencia de su tierra, hasta conseguir el regreso de todos los refugiados saharauis a su país libre.

Carolina Jiménez, Doctora en Derecho y profesora de Derecho Internacional Público de la Universidad de Málaga

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Karen Izolda Taxilaga: Defensora de Derechos Humanos y Pueblos Indígenas y dirigente campesina en México.

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